UNA REHABILITACIÓN MODÉLICA, PARA UN EDIFICIO SINGULAR.

Rehabilitar es mucho más difícil y costoso que construir. Algunos edificios, a pesar de todo, sólo pueden y deben ser rehabilitados. Muchas rehabilitaciones se hacen sin esas generosas ayudas, que a la hora de la verdad, no llegan a ser tales. Y se acometen no sólo en beneficio de sus legítimos propietarios, sino preservando de forma permanente, una parte del legado cultural y artístico de la ciudad. A veces, se hace bien.  

Este es el caso de la rehabilitación llevada ejemplarmente a cabo por la familia Pérez Medina en uno de los edificios más bellos de la ciudad, construido por el arquitecto y maestro D. José Espiau y Muñoz, figura principal de la arquitectura tradicionalista y regionalista sevillana de principios del XX, entre cuyas obras destaca el Hotel Alfonso XIII y otras que cambiaron Sevilla en las primeras décadas del pasado siglo. Edificios y monumentos como el de la Adriática, Monumento a la Inmaculada, Sede Catalana, Casa Lissen, Fábrica Algodonera, Edificio Pedro Roldán, Casa Calvi, Caja Granada, Singer, Corral de Alfarería, Gran Hotel en la Plaza del Sacrificio y otros en la Avenida de la Constitución, Plaza de San Francisco o Alfarería, modificaron en esa época floreciente, la fisonomía de la ciudad, gracias a Espiau. Sería extensa su enumeración exhaustiva. Entre sus obras más sobresalientes está la monumental casa que nos ocupa.

La restauración del edificio lindante con Adriano, Genil y Colón, se ha llevado a cabo, conservando y recuperando su bellísima fachada, sus originales miradores y respetando los materiales y ornamentos de su primigenia construcción. Sin escatimar esfuerzos. Manteniendo tejas, ladrillos, cerámicas, maderas o forjas. Todos y cada uno de sus exquisitos detalles. Estudiando azulejo por azulejo, teja por teja, elemento por elemento, aquellos que a pesar de los años, seguían en buen estado de conservación, restaurando uno por uno, aquellos otros que eran recuperables. Sustituyendo por otros idénticos, los que el devenir del tiempo había perdido o destrozado completamente, reconstruyendo fielmente su diseño original. Preservando, en definitiva, una obra singular para la posteridad. Tal y como Espiau la concibió. Y no ha sido tarea fácil. Un modelo rehabilitador a seguir y un proceso de restauración ejemplar. Recuperando un edificio de gran valor histórico artístico, que de no actuar a tiempo, se hubiera perdido para siempre. Y no sólo para sus propietarios legales. 

Todo ello, dotando además sus interiores, con calidades de gran lujo. El proceso de rehabilitación se ha llevado a cabo, en torno a su escalera central. Conservando sus bellísimos azulejos de principios del siglo pasado, que han sido objeto de una restauración exhaustiva. Al mismo tiempo, se ha incorporado un elegante ascensor de cristal con conexión telefónica, desde el que se puede observar sus maravillosos detalles ornamentales.

Se recuperó un edificio singular, bajo unas premisas y cautelas que nadie, en mayor medida que sus propietarios, podría estar interesado en preservar. Y ello por muchos motivos. Algunos de difícil valoración objetiva: familiares, nostálgicos, de imagen, de preservación histórica e incluso empresariales. El Edificio Todogoma ha sido durante décadas y a través de dos generaciones, el buque insignia de una de las empresas con más solera de Sevilla y precursor de sus actuales instalaciones ubicadas en el polígono Calonge.  

Se repararon los miradores, de acuerdo con los más estrictos criterios técnicos, para rehabilitar unas cubiertas superiores en estado casi ruinoso y de acuerdo con un proyecto tutelado desde el propio Ayuntamiento, Gestión de Urbanismo y Patrimonio. De no haber actuado a tiempo, esos miradores y todo el edificio se hubieran perdido para siempre, evitando además y de esta forma, cualquier peligro futuro, por eventuales desprendimientos, para miles de ciudadanos que todos los días pasan por este lugar privilegiado.  

Por todo ello, el interés que ha suscitado en la prensa, la rehabilitación de esta hermosa joya arquitectónica ha sido notable. Así, el 14 de octubre de 2003, el prestigioso columnista y escritor D. Antonio Burgos escribía en el Mundo un artículo titulado Del revetón al andamio  (click para ver artículo) del que destacamos lo siguiente: “Conviene leer el periódico con mentalidad de hemeroteca, para adivinar los signos de nuestro tiempo. Más que en las noticias, en los anuncios. Y fijarse, por ejemplo, en este de ayer: "Todogoma informa que debido a las obras de rehabilitación de su edificio central en calle Adriano 34 les seguiremos atendiendo en..... No se destaca lo suficiente esta general rehabilitación del centro histórico...  en la que de verdad, y por la iniciativa privada, se restaura y rehabilita media ciudad y parte de la otra media.”

Sin embargo, siete meses más tarde, en el ABC de 7 de mayo de 2004, se publicó otro artículo, en el que a dos páginas se denunciaba, erróneamente, “la demolición de los miradores de un edificio protegido en el Paseo de Colón”, destacando que “Sevilla está en manos de la especulación y de la complicidad de los munícipes”. Se trató de justificar una supuesta demolición, que no era sino el desmontaje de unas cubiertas, con cerca de cien años, para su restauración, de acuerdo con los más estrictos criterios técnicos. Ni la propiedad, ni la dirección facultativa fueron previamente consultadas. El proyecto podía haber aclarado igualmente cualquier duda al respecto.

Sólo una semana más tarde, el 14 de mayo de 2004, justificados estos extremos por la propiedad, el periódico rectificó cabalmente, mediante la publicación en la misma sección, de otro artículo, también a doble página, en el que se daba cuenta de todos estos extremos y más.

Finalizada la obra, el 8 de julio de 2005 vuelve a publicar el ABC, un reportaje a dos páginas, sobre la modélica restauración llevada a cabo, señalando en titulares: “Una familia sevillana, recupera un edificio emblemático de Espiau”... El edificio conocido en toda la ciudad, como Edificio Todogoma. El tiempo es juez implacable. Los miradores, terminada la obra, siguen en su lugar, según el proyecto inicial. Rehabilitados y con sus cubiertas debidamente restauradas. Al igual que todo el edificio. El interés mediático estaba más que justificado.

Afortunadamente, no todo es fruto de la connivencia. No todas las rehabilitaciones que se llevan a cabo son consecuencia de la especulación salvaje.  Muchas son las realizadas en el centro histórico de nuestras ciudades. Buena parte de ellas, han recuperado edificios únicos. En su mayoría, sufragadas con el esfuerzo de los propietarios de unos edificios que se caían a trocitos, recuperando para la ciudad un preciado legado, que de otra forma, la fuerza demoledora del tiempo habría hecho perder para siempre. Algunas, como la presente, pueden servir de ejemplo. Las supuestas ayudas, que con afán publicitan los poderes públicos para recuperar este patrimonio común, en la realidad práctica, pueden ser mínimas o inexistentes. Es a menudo la iniciativa privada con estas actuaciones, la que no sólo recupera edificios singulares, sino que impide además, que un cascote, teja o muro ruinoso provoque una desgracia en los viandantes, de la que los propietarios de la ruina serían únicos responsables civiles  e incluso penales.  

Pocas ciudades armonizan como Sevilla, un legado tan rico: romano, musulmán, judío y cristiano (en sus vertientes barroca, plateresca, regionalista, tradicionalista e incluso modernista), que se ha mantenido, de forma modélica, hasta nuestros días. En buena parte, gracias a la labor de algunas  asociaciones de protección cultural. Y ello, a pesar de los abusos cometidos, en un pasado no tan lejano. Desde aquí, alabamos y agradecemos la tarea que algunas asociaciones están haciendo en pro de la defensa de un patrimonio histórico, que pertenece (no lo olvidemos) en el caso de Sevilla, a todos los sevillanos y a las generaciones venideras.

Sin embargo, ese reconocimiento convendría extenderlo a la labor silenciosa de otros muchos, que sin estar integrados en movimientos asociativos, con medios muchas veces limitados (y sin las generosas ayudas que a bombo y platillo, desde la política y cara a la galería, se exponen en boletín oficial), recuperan edificios como el de Paseo Colón de Sevilla y muchos otros. No conviene olvidarlo. Porque tal y como decía el prestigioso columnista, en ocasiones, "no se destaca lo suficiente esta general rehabilitación del centro histórico...... en la que de verdad, y por la iniciativa privada, se restaura y rehabilita media ciudad y parte de la otra media". Y a menudo, como en el caso que nos ocupa, se hace, además, de forma ejemplar.